Si te preguntas cuánto tarda en hacerse una web, la respuesta corta es: entre dos y doce semanas, según el tipo de proyecto. La larga es que el tiempo de diseño rara vez es lo que dispara el plazo.
Llevo suficientes proyectos como para tener una opinión clara: las webs no se retrasan por la complejidad técnica, sino por lo que se espera que llegue de fuera.
Plazos orientativos por tipo de web
Lo que sigue son rangos de mi propia experiencia, no una norma. Cuentan desde que tengo todo lo necesario para empezar, no desde que decides hacer la web.
Web de una página o landing
De dos a tres semanas. Un solo mensaje, una sola acción, poca estructura. Es el caso más rápido, siempre que los textos estén claros.
Web corporativa sencilla
De tres a seis semanas. Inicio, servicios, sobre mí, contacto y poco más. Es el caso más habitual en autónomos y pequeñas empresas.
Rediseño de una web existente
De tres a seis semanas también, aunque depende de cuánto contenido se conserve. Si el material ya existe, se gana tiempo; si hay que reordenarlo todo, se pierde.
Web con tienda online o funciones a medida
De seis a doce semanas, a veces más. Catálogo, pagos, envíos, reservas o áreas de cliente suman pruebas, e importa más la preparación de los datos que el diseño.
Qué alarga el plazo (y casi nunca es el diseño)
En la práctica, un proyecto se para por cuatro motivos, y ninguno es técnico.
- Textos que llegan tarde. Sin contenido real, el diseño se hace con relleno, e inevitablemente hay que rehacerlo cuando aparece el texto de verdad.
- Imágenes que no llegan. Fotos de baja calidad, logotipos en formato inservible o "ya te las paso" durante tres semanas.
- Feedback lento o disperso. Una revisión que tarda diez días en volver detiene todo lo que viene después. Si además vuelve de tres personas con opiniones distintas, se multiplica.
- Cambios de alcance. "Ya que estamos, añadimos un blog" está bien, pero es otro proyecto con su propio plazo.
El efecto acumulado
Cada espera de una semana parece inofensiva. Sumadas, convierten un proyecto de cuatro semanas en uno de dos meses. Y no es culpa de nadie en particular: simplemente el calendario del cliente y el del diseñador no se sincronizan.
Cómo acelerar el proceso desde tu lado
La buena noticia es que casi todo lo que acorta el plazo depende de ti, y no requiere conocimientos técnicos.
- Ten los textos antes de empezar. No tienen que ser perfectos, pero sí reales. Yo puedo ayudarte a ordenarlos.
- Reúne imágenes y logotipo en una carpeta. Mejor pocas y buenas que muchas y dudosas.
- Designa una sola persona que decida. Una voz, un feedback consolidado.
- Responde en plazos cortos. No hace falta inmediatez; con dos o tres días por ronda ya se nota.
- Congela el alcance. Lo que se te ocurra a mitad de camino, apúntalo para una segunda fase.
Cuándo se puede ir más rápido (y cuándo no conviene)
Hay proyectos que admiten prisa razonable: una web pequeña, con textos cerrados, un único interlocutor y sin funciones raras. En esos casos, comprimir el calendario es posible sin sacrificar calidad.
Lo que no funciona es recortar las fases de revisión para ganar días. Una web entregada deprisa e imprecisa suele costar más tiempo después, entre correcciones, textos que no encajan e imágenes que se ven mal en el móvil. Ahorrar una semana al principio y perder tres al final no es ahorrar.
También conviene recordar que publicar no es el final. Tras el lanzamiento hay un margen para ajustes pequeños, y es mejor contar con él que intentar que todo salga perfecto el primer día.
Si tu fecha límite es fija, por un evento o una campaña, dímelo desde el principio. Con ese dato puedo decidir qué entra en la primera versión y qué se queda para después.
Qué hago yo para no ser el cuello de botella
Mi parte también cuenta. Antes de diseñar, dejo por escrito qué incluye el proyecto, qué necesito de ti y para cuándo. Trabajo por fases cortas, con entregas visibles, de modo que el feedback llegue pronto y sea concreto, no una opinión general sobre "la sensación" de toda la web.
Si una semana no llega nada, no lo trato como un drama: lo señalo, recalculo el calendario e informo del efecto real en la fecha de entrega. Prefiero un plazo honesto a una promesa bonita que luego se rompe.
Un plazo realista empieza por una conversación
Cualquier cifra general sirve solo de brújula. El plazo real depende de tu tipo de web, de cuánto material tengas y de cuánta disponibilidad puedas dedicarle. Por eso lo cierro siempre después de ver el proyecto, no antes.
Si quieres saber cuánto tardaría el tuyo, cuéntame qué necesitas desde la página de contacto e incluye si tienes ya textos e imágenes. Con eso te doy una estimación sensata, sin adornos.